Dentro de la Operación “Arpia”, el Presidente Juan Orlando Hernández ordenó que 180 privados de libertad, que pertenecen a maras y pandillas, considerados como cabecillas o reos de alta peligrosidad, fueran trasladados al nuevo módulo de máxima seguridad ubicado contiguo al Centro Penitenciario Nacional de Támara, Distrito Central, Francisco Morazán.

Por tal razón, desde temprano inició el operativo respaldado por instituciones que conforman la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina). La operación de extracción y traslado desde los diferentes centros penales procura tener un mayor control de esos reclusos.

Según las autoridades penitenciarias, la mayoría de los privados de libertad movilizados son miembros de la pandilla 18 y de la Mara Salvatrucha (MS 13), todos considerados de máxima peligrosidad, con un amplio cartel delictivo.

Para coordinar los traslados, el mandatario hondureño llamó a comparecencia de prensa en las instalaciones del Sistema de Emergencias 911. Al gobernante le acompañaron el canciller, Lisandro Rosales; el viceministro de Seguridad, Luis Suazo, y autoridades del Instituto Nacional Penitenciario (INP).

El Presidente Juan Orlando Hernández dirigió el operativo de traslado de los reclusos al módulo de máxima seguridad, ubicado contiguo al reclusorio de Támara.

LA MOVILIZACIÓN

A partir de las 6:00 de la mañana y desde ocho centros penitenciarios comenzó la movilización de más de 180 privados de libertad. Casi cinco horas después, los reclusos llegaron cabizbajos, con cara de tristeza y otros de angustia, al remodelado módulo de máxima seguridad, conocido como “La Jaula”, ubicado cerca de la aldea de Támara.

El reloj marcaba las 12:45 del mediodía cuando el autobús en que los transportaban llegó al módulo resguardado por agentes de la Fuerza Nacional de Control de Centros Penitenciarios (FNCCP), Fuerza Nacional AntiMaras y Pandillas (FNAMP) y elementos de la Fusina.

Para poder ser ingresados, los agentes del orden primero formaron una valla y, posteriormente, comenzaron a bajar a los privados de libertad, quienes vestían “overol” anaranjado que caracteriza su nivel de peligrosidad.

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